Partido Revolucionario de los Trabajadores
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LA SITUACIÓN NACIONAL A LA HORA DEL ANTIMPERIALISMO
Resolución del Comité Central del PRT del 3 de julio de 2026.
1.- El estreno de la Doctrina Donroe.
En noviembre de 2025, la Casa Blanca dio a conocer su Plan Nacional de Seguridad en que reivindica la Doctrina Monroe con el Corolario Trump. Lo que mediáticamente se ha llamado la doctrina Donroe. En enero del 2026, brutalmente Trump dio muestra de la aplicación práctica de esta doctrina. El ataque militar contra Venezuela y la “extracción”, la captura y el secuestro, de Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores, al mismo tiempo que se bombardeaba Caracas y se ejecutaba a un número indeterminado de venezolanos y a la guardia personal de Maduro, integrada por militares cubanos. Toda legislación internacional y la soberanía nacional fue burlada descaradamente imponiendo el uso directo de la fuerza, incluso para llevar a Maduro y Cilia Flores a la cárcel a Estados Unidos. En los meses previos, en que se hablaba de la amenaza de invasión yanqui a Venezuela, con despliegue militar y naval alrededor del país, Estados Unidos se ha dado el derecho de ejecutar en el mar (en el Caribe o en el Pacífico) lanchas o pequeñas embarcaciones supuestamente traficando droga hacia Estados Unidos. Sin aportar prueba alguna ni respetando procesos legales y en aguas internacionales, el gobierno de Estados Unidos se limita dar a conocer escuetamente el número de personas asesinadas en esos ataques. Ni los nombres ni las nacionalidades de los ejecutados. La práctica es coherente con el discurso señalando al narcotráfico como el enemigo número 1 para Estados Unidos y la caracterización de los narcotraficantes como “terroristas” (lo que con las leyes antiterroristas post 11 de Septiembre supuestamente les autoriza a ejecutar extrajudicialmente por atentar contra la “Seguridad Nacional”) y tiene su corolario en la acusación de “narcogobiernos” de todo aquel que le estorba o al que quiere someter.
2.- En medio de la competencia interimperialista.
El ataque contra Venezuela de enero del 2026, como parte de la doctrina Donroe, va más allá del interés por el petróleo. Aún con Maduro, Estados Unidos tenía, de algún modo, acceso al petróleo venezolano y Exxon podía actuar allá. Tampoco había más inversión extranjera porque la calidad del petróleo venezolano implicaba mayor gasto para aprovecharlo aunque sean los mayores depósitos del mundo. La doctrina Donroe y su interés en lo que llama el “hemisferio occidental”, es decir América Latina como su “patio trasero” pero en realidad todas las Américas hasta Groenlandia como su espacio vital, es parte de la pugna y competencia interimperialista, con Rusia, la UE y particularmente con China. La paradoja es que, aunque Estados Unidos continúa siendo la mayor y más peligrosa potencia militar, como lo muestra en todo el mundo desde Venezuela, hasta Ucrania, Gaza o Irán, desde el punto de vista económico y de otra manera socialmente, se encuentra en declive. El ascenso de China al consolidarse la restauración capitalista y las políticas de libre comercio que imperaron con el ascenso neoliberal y de apertura de mercados llevaron al declive de Estados Unidos, y a cierta desindustrialización que están en la base de las campañas racistas, xenófobas, antiinmigrantes, antimexicanas de Trump buscando culpables de que las empresas norteamericanas se instalen fuera de Estados Unidos. Por eso el giro proteccionista para la industria americana y la obsesión de imponer nuevos aranceles y poner en duda instrumentos como el clásico acuerdo neoliberal para el caso de México como es el tratado de libre comercio (ahora llamado TMEC). En esta lógica es que una de las primeras medidas que le impuso al gobierno venezolano después de la captura de Maduro fue romper relaciones con China, Rusia, Irán o Cuba. Pero ciertamente la influencia del comercio con China no se limita a Venezuela, sino a varios países latinoamericanos, incluso Brasil, pero también México. Aunque Estados Unidos dificultara el comercio con China, por medio del tratado de libre comercio, los productos chinos pueden llegar a Estados Unidos vía México. Por eso el interés de reducir las posibilidades del TMEC para México, imponiendo mayores aranceles, incluso a productos que antes no lo tenían. Desde el inicio del gobierno de Claudia Sheinbaum se ha visto el jaloneo con Trump, en su segundo mandato, en que, para todo, amenaza con aplicar o aumentar los aranceles, sea por la cuestión migratoria, el narcotráfico o ahora por la relación con Cuba, (y aunque el gobierno mexicano alega que la prudencia de la presidenta logra pausas, Trump va imponiendo paso a paso sus condiciones). Las presiones de Trump al fin de cuentas van limitando el alcance del libre comercio para reducir el déficit comercial. Pero en definitiva para tratar de recuperar el papel hegemónico de Estados Unidos no solo en el terreno militar, sino también económico en la competencia interimperialista.
3.- El carácter neocolonial de esta ofensiva imperialista.
Pero además de la guerra económica para tratar de frenar el avance de China, el imperialismo yanqui va más allá de medidas comerciales como la aplicación de aranceles. La peculiaridad de la doctrina Donroe entra aquí en juego. Trump pretende imponer el control en el “hemisferio occidental”, es decir las Américas, cerrando el paso al avance de China o Rusia. Pero para ello no le bastan las presiones y amenazas económicas y los aranceles, como tradicionalmente se han utilizado en el marco de la dependencia económica de los países latinoamericanos con respecto al imperialismo yanqui. Es así como entra en juego el uso de la fuerza, la violencia y la imposición militar si es necesaria. El modelo es el caso de Venezuela. No es sólo la captura de Maduro con las conocidas acusaciones de narcotráfico, sino sobre todo de tomar el control político completo de Venezuela. Establecer prácticamente un protectorado, como en siglos anteriores, en este caso con el propio gobierno del PSUV, con la presidenta en funciones Delcy Rodríguez. Por eso decimos que esta ofensiva imperialista tiene carácter neocolonial. Sin necesidad de invadir masivamente, manteniendo la estructura del gobierno del PSUV, incluso con la presidenta en funciones, el ejército y el congreso actuales, imponer un gobierno títere que se subordina al interés imperialista. No solo con respecto al petróleo, el saqueo de éste y del oro venezolanos, así como la política internacional (traicionar a Cuba, suspender de inmediato el envío de petróleo y por lo tanto convertirse en cómplices del plan de Trump para colapsar a Cuba por medio del bloqueo energético). Igualmente, en el caso de Cuba, por medio de este bloqueo energético paralizar la economía y sociedad cubana, pensando que en la crisis habría una rebelión popular para derrocar al gobierno o la búsqueda de la equivalente a Delcy Rodríguez, para restablecer una relación colonial en Cuba o en definitiva lograr la restauración capitalista.
Pero obviamente la ofensiva no es sólo contra Venezuela o Cuba. Es para toda América Latina, incluso países donde ha habido gobiernos del corte progresista pero que se han quedado muy debajo de los discursos antimperialistas frecuentes en Venezuela o Cuba. Por tratarse de países donde estos procesos han sido menos radicales, la intromisión imperialista ha venido ocurriendo en el marco de los procesos electorales y cambios de gobierno institucionales. Pero ha sido una injerencia abierta, descarada, que ha tenido éxito. Tras el triunfo de Milei en Argentina, en las elecciones intermedias y de gobernadores Trump ha amenazado con suspender la colaboración con Argentina vía Milei si no se apoyaba a sus candidaturas. En el caso de Honduras la intervención fue también abierta para evitar la continuación de un gobierno zelayista, incluso indultando al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, preso en EU por narcotráfico que es parte de una operación conjunta con Milei, Bukele de El Salvador y Trump para imponer gobiernos de ultraderecha en la región. Hace días ha sido el caso del triunfo de Keiko Fujimori en Perú, supuestamente por escasa diferencia de votos. Igualmente, en el caso de Colombia, con el triunfo de Abelardo de la de Espriella. Con los previos triunfos de Katz en Chile, de Noboa en Ecuador, de Rodrigo Paz en Bolivia y otros, Trump ha instalado en marzo en Doral (Florida) el acuerdo del Escudo de las Américas (que quizá llegue a sustituir a la OEA) y que no incluye a Brasil, México, Cuba y Colombia (aunque seguramente con la llegada de De la Espriella ahora Colombia será también parte activa), como una coalición de gobiernos de derecha y ultraderecha, que lucha contra el “terrorismo” del narcotráfico. Con esta coalición de gobiernos de derecha (de 13 países)Trump ha avanzado un gran trecho en su propósito de control político total de los países de América Latina, incluso con la modalidad neocolonial que apunta a prácticos protectorados, no solo por el comportamiento escandaloso de Milei o Bukele, sino de Noboa (presidente ecuatoriano nacido en EU) que a pesar de que una consulta popular votó mayoritariamente en contra, está estableciendo nuevamente bases yanquis en Ecuador o lo que en forma similar se anuncia sucederá en Colombia con de la Espriella. Por supuesto que en todos los casos podemos hablar del fracaso, desilusión popular, las inconsecuencias, limitaciones o corrupción de gobiernos de corte progresista previamente instalados en varios de estos países. Pero lo que es necesario destacar ahora es la ofensiva brutal imperialista para hacerse del control político completo de estos gobiernos, incluso sin invasión armada e incluso de gobiernos que finalmente conciliaban con los intereses imperialistas. El imperialismo puede aprovecharse de la desilusión popular con estas experiencias progresistas, pero lo que hay que destacar es que la ofensiva neocolonial del imperialismo dirigido por Trump va por todo y recurriendo a toda medida incluso ilegal o violenta. Lo hace en todo el mundo. Así como lo hizo con la captura de Maduro en Venezuela, el primer objetivo en la guerra contra Irán fue asesinar -y lo logró en las primeras horas-al mandatario iraní el jefe de Estado Alí Jameneí. Y algo similar también se ha planteado con la amenaza contra Raúl Castro.
4.- México, en la mira de Trump y la acusación de “narco Estado”.
Obviamente, la ofensiva intervencionista, neocolonial, está dirigida también contra Cuba y Brasil pero también contra México. Además de las presiones que en estos años Trump ha impuesto a México sobre el tema de la migración hacia EU, logrando que las autoridades mexicanas se conviertan en la migra desde México y logrando reducir el número de migrantes que cruzan la frontera norte o aceptando como “tercer país” en México a los migrantes deportados de EU o sobre las presiones en relación a los aranceles que llegarán a un punto extremo en estos días en que se realiza oficialmente la revisión del TMEC, además de estos temas hay otro más grave que es de tipo político con relación al narcotráfico. Así como en campaña electoral, Trump afirmaba que de México les llegaban delincuentes, asesinos y narcotraficantes, desde el gobierno acusa ahora que el narcotráfico controla al gobierno federal, que la presidenta les teme y no se atreve a combatirlos. Como se trata supuestamente de terroristas y constituyen una amenaza para la seguridad nacional de EU y están envenenando y asesinado a la juventud norteamericana pasa rápidamente de ofrecer ayuda para entrar a México a matar (literalmente) a los capos, para pasar después de la negativa de Claudia Sheinbaum, que dice cooperación sí pero subordinación no, a amenazar con intervención directa por “tierra” (o sea ya no solo ejecutando tripulantes de embarcaciones en el mar), es decir intervención armada para combatir y “neutralizar” a los criminales. Con todo lo ocurrido en estos meses en América Latina y otros lugares no es posible subestimar las amenazas de Trump contra México. Todo es posible. Desde intervenciones armadas en territorio nacional hasta “extracciones” de funcionarios mexicanos como hizo con Maduro.
No debemos subestimar el riesgo y el carácter de estas amenazas. En realidad, no es cierto que el interés primordial de Trump sea la guerra contra el narcotráfico. Es pública la contradicción de combatir a narcos en México y no combatirlos en EU. Si las drogas pasan a EU es porque hay un mercado en crecimiento allá. Y al pasar la droga que representa millonarias ganancias para los narcos mexicanos es porque hay de aquel lado también narcos, capos y grupos criminales que la comercializan y que, como dice Trump, están envenenando y asesinando a la juventud. Trump no actúa igual contra el crimen organizado en EU, ni los trata como terroristas. Ni tampoco atiende el problema de salud en aquel país en que la adicción crece permanentemente no solo entre la juventud sino en forma más amplia en la sociedad. Ni tampoco frena, como señala el gobierno mexicano, el tráfico de armas, incluso de alto poder, de EU a México para fortalecer y mantener la capacidad de fuego de los cárteles mexicanos. Es decir, el millonario negocio de las drogas y las armas en EU implica, como en México, la existencia de cárteles, grupos de capitalistas y funcionarios corruptos a los que, en general, Trump no toca. Porque el interés de Trump, como hemos explicado con la doctrina Donroe, no es la cruzada moral contra las drogas sino tomar el control político completo, en forma neocolonial, de los gobiernos latinoamericanos para convertirlos prácticamente en protectorados. Y para lograrlo usa el estigma de gobiernos asociados con los cárteles o controlados por los cárteles hasta hacer “narcoestados”, gobiernos fallidos. La hipocresía de este argumento se muestra en el caso de Maduro. También fue acusado de narcotráfico, de estar asociado con el “Cártel de los Soles”, pero una vez preso en EU, el interés de Trump ha sido someter al gobierno madurista, manteniéndolo como protectorado con la figura de Delcy Rodríguez en la Presidencia, a su hermano Jorge Rodríguez en la Asamblea Nacional, a Diosdado Cabello como ministro del Interior y de Justicia y demás integrantes del “Cártel de los Soles”, para saquear el petróleo, el oro y otras materias de Venezuela, así como la entrada de la CIA y las compañías petroleras para unirse en el ataque contra Cuba.
En el caso de México, la acusación es hipócrita también. Porque el suponer la existencia de un “narcoestado” sería la existencia de un Estado fallido, ausente. Y por supuesto que el narcotráfico ha penetrado a diversos niveles del gobierno, gobiernos estatales y municipales, así como a las policías y el ejército. Pero sigue existiendo el Estado mexicano sometido, más bien, al marco del capitalismo, subordinado a los intereses capitalistas. Y como señalamos en la explicación de la violencia y el crimen organizado que hicimos en las resoluciones del XIV Congreso (ver La Internacional 3-4) , apoyados en las investigaciones del camarada Roberto González Villarreal (La desaparición forzada: de la represión a la rentabilidad capitalista), los cárteles y estos grupos criminales responden cada vez más, no al narcotráfico sino a negocios ilegales ligados al extractivismo minero y por lo tanto al uso de la violencia contra las comunidades, por medio de estos sicarios, en interés de las empresas mineras, sobre todo canadienses y de EU, que controlan cada vez una mayor parte del territorio nacional. Pero estas bandas o cárteles ya no solo usan la violencia contra comunidades indígenas, de pueblos originarios o rurales para despojarles de su territorio, sino como se ha denunciado recientemente, amenazando a los trabajadores mineros para que no se afilien sindicalmente para defender sus derechos frente a esas empresas extranjeras y extractivistas que gozan de concesiones. Frente a esos sectores capitalistas, el gobierno sí cede lo que lo muestra nuevamente como dominado por la lógica neoliberal y no por los narcotraficantes.
La presión de Trump hacia el gobierno mexicano para que entregue capos o ejecute a narcos y sus redes, ante la amenaza de que ellos sí pueden hacerlo, ha llevado al gobierno de Claudia Sheinbaum a hacer a un lado la política de AMLO de “abrazos no balazos”, es decir de programas sociales en vez de guerra, para volver a la guerra tipo Calderón y la militarización para mostrarle a Trump que sí puede hacerlo sin necesidad de la intervención de EU. Es lo que hicieron en la jornada y batallas brutales en el operativo contra el Mencho. Indudablemente que cárteles como el CJNG han desarrollado un poder militar y económico gigantesco en forma paralela al Estado. Pero el operativo realizado para asesinar al Mencho (como le gusta a Trump pues no se trata de meterlo a la cárcel sino de liquidarlo) implicó una guerra de todo el día 22 de febrero simultáneamente en 12 estados de la República. Es decir, el CJNG mostró su músculo al enfrentarse contra el Estado mexicano, tratando de evitar la captura del Capo y luego buscando vengarlo, pero al mismo tiempo el Estado mexicano, con el uso del Ejército, la Guardia Nacional y la Marina, se impusieron violentamente mostrando que el narco no lo controla todavía. No hay un narcoestado.
Eso no contradice el que el narco haya logrado infiltrar a diversos niveles del gobierno e incluso de las fuerzas armadas. Pero el Estado mexicano existe, pese a que el neoliberalismo con su política de privatizaciones lo desmanteló durante años en la educación, salud, incluso justicia, energía, comunicaciones y diversas áreas de la prestación de servicios, es decir su función social, para convertirlas en negocios y por tanto áreas que el Estado abandonó. En el auge del neoliberalismo, esto llevó en el caso de la izquierda, a la falsa idea del fin del Estado y por tanto de la inutilidad de la lucha política y la lucha por el poder y pretender transformar al mundo sin tomar el poder, incluso al fin del imperialismo y su sustitución por el “imperio”. En su momento Daniel Bensaid advirtió contra estas conclusiones de moda a finales del siglo escribiendo en su texto “El imperio, ¿un estadio terminal?” que publicamos en la revista Desde los 4 Puntos 31 en el año 2001 cuando dice: “la apología de los poderes locales, puede expresar una impotencia frente al poder sin más”. Hoy en medio de esta ofensiva imperialista, intervencionista y neocolonial, así como con las guerras y la nueva competencia interimperialista, en cualquier momento al nivel de guerras interimperialistas, esas explicaciones sobre el “imperio” y el fin del Estado nación, caen por su propio peso.
5.- Antimperialismo eje central de lucha.
Constatar la ofensiva intervencionista y neocolonial del imperialismo yanqui bajo Trump es lo que obliga a precisar nuestra línea política para este periodo de la lucha de clases en México. El XIV Congreso Nacional del PRT celebrado a fines del sexenio de AMLO y confrontado a la perspectiva del nuevo gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum delineó una orientación para no caer en la visión binaria de estar con el gobierno progresista de Morena o con los partidos de la derecha tradicional. Asumiendo como prioridad la lucha contra la continuación del neoliberalismo que, pese a su retórica antineoliberal y de una “cuarta transformación” continúan centralmente los gobiernos del progresismo morenista, eso no implicaba caer en el garlito de que la alternativa es la oposición de la derecha, es decir del PRIAN, cuando fueron esos gobiernos los que impusieron y establecieron todo el andamiaje neoliberal que pervive hasta la actualidad. Por eso es que para continuar en la lucha contra el neoliberalismo, el XIV Congreso estableció la necesidad de orientarnos por el objetivo de conformar en cada momento de la lucha de clases un polo social y político alternativo al gobierno pero también a la derecha tradicional. Como diremos más adelante, la experiencia de estos años demuestra que, pese a la dificultad, visto el peso hegemónico del pensamiento progresista reflejado en la simpatía masiva que mantiene el gobierno de Sheinbaum, sí es posible dar pasos en la conformación de ese polo alternativo. A nivel de la lucha de clases, esta opción se refleja en la consigna popularizada por el magisterio en lucha de “gobierne quien gobierne, los derechos se defienden”.
Siendo cierto lo anterior, tenemos que articular la orientación de independencia política que planteamos así con el eje actual urgente de lucha antimperialista. La ofensiva neocolonial e intervencionista del imperialismo es muy grave y peligrosa. Obliga a realizar de todas las maneras posibles, políticas e ideológicas, la lucha antimperialista. Pero esto no nos lleva a abandonar la perspectiva de independencia de clase defendida por el XIV Congreso (y también en nuestra contribución escrita como PRT al XVIII Congreso Mundial de la Cuarta publicada en el Boletín Interno Internacional) sino por el contrario a mantenerla con mayor fuerza en la nueva coyuntura. Los partidarios del gobierno se conducen bajo la lógica del campismo y del progresismo. Nosotros tenemos que conducirnos en la lógica de la lucha de clases en defensa de los intereses de las clases trabajadoras de México y el mundo. Para los campistas, progresistas y nacionalistas, ante cada amenaza o provocación de Trump, su propuesta es salir apoyando al gobierno de Claudia Sheinbaum. Ya sea por medio de declaraciones y manifiestos de apoyo, o en los grandes mítines en el Zócalo o peor aún, defendiendo las posiciones reaccionarias del gobierno frente al movimiento de masas. Nosotros como PRT o cualquier polo alternativo nos oponemos y rechazamos a las amenazas y agresiones imperialistas, pero sin subordinarnos al gobierno o callando o abandonando las luchas. En otros aspectos de la política internacional también lo hacemos. Lo hemos hecho en unidad de acción con todas las corrientes y fuerzas posibles, incluso simpatizantes o apoyadores de Morena, contra el genocidio israelí en Gaza y en solidaridad con Palestina. Es la lógica del frente único. Pero al mismo tiempo que denunciamos el genocidio en Palestina exigimos la ruptura de relaciones con Israel. Los crímenes de Israel bajo Netanyahu, son de magnitud histórica, como punta de lanza del imperialismo (como se demuestra en la guerra contra Irán) pero también en su política expansionista y colonial para acabar con Palestina. Somos testigos en tiempo real del genocidio; no es posible mirar para otro lado ante esos crímenes. Finalmente, en algún momento, Claudia Sheinbaum habló de genocidio. Pensamos que es decisivo hacer algo para frenar a Israel, no solo declaraciones y marchas. Y algo que sí se puede hacer para ayudar al aislamiento político del sionismo israelí es romper relaciones con Israel. Y aunque es una consigna gritada en las movilizaciones, no solamente por el PRT, el gobierno mexicano se resiste a romper. El temor a las represalias de Trump, sostén principal del sionismo en Israel, deja en gestos la actitud del gobierno mexicano ante el genocidio. Peor aún, pues no se trata solamente de una exigencia moral, sino romper relaciones con Israel implica romper las colaboraciones en muchas áreas, desde la compra de armamento israelí para las fuerzas armadas mexicanas, de instrumentos de espionaje como el Pegasus, la colaboración con investigaciones universitarias mexicanas para los negocios israelís hasta el refugio político que Israel ofrece a criminales como Zerón, instrumento de la “verdad histórica” sobre Ayotzinapa durante el gobierno de Peña Nieto.
El otro caso, a nivel internacional, es el de Cuba. Junto con el golpe a Venezuela de enero de este año, como ya dijimos, el imperialismo impuso a Venezuela suspender el envío de petróleo a Cuba. Se inició así la ofensiva contra Cuba, que Trump considera la ofensiva final, para aumentar ahora el bloqueo con el cerco energético para hacer colapsar a la economía y sociedad cubanas. Han abierto una crisis sin precedentes para Cuba. En enero mismo, junto con la intervención en Venezuela, México suspendió también el envío de petróleo a Cuba. Ciertamente inmediatamente después Trump anunció nuevas sanciones contra el país que se atreva a enviar petróleo. Solamente Rusia envió un buque con petróleo a Cuba en estos meses que palió momentáneamente (semanas) las necesidades cubanas. El segundo país, después de Venezuela, que enviaba petróleo a Cuba era México. La suspensión del envío desde enero de este año ayuda objetivamente a los planes imperialistas para hundir, colapsar económica y socialmente a Cuba, incluso sin necesidad de intervención armada. Para ocultar la concesión al imperialismo, Claudia Sheinbaum anuncia el envío de ayuda humanitaria, es decir maíz, frijol, otros alimentos y material médico, pero no petróleo. En semanas recientes, se denunció que la ayuda humanitaria enviada por la ONU no pudo descargarse y distribuirse de inmediato porque no hay gasolina para mover los camiones necesarios. De nuevo, en la solidaridad con Cuba hacemos unidad con quien sea, incluso colaborando con ayuda humanitaria, pero nuestra obligación como partido revolucionario (que no es simplemente la perspectiva de una asociación humanitaria) es decir que la solidaridad central con Cuba es reenviar petróleo desde México. Así participamos en particular en la campaña por “Petróleo para Cuba, ya”. Porque se trata, para la izquierda revolucionaria, de frenar la restauración capitalista en Cuba. En realidad, es ésta la razón final de la ofensiva imperialista contra Cuba, el “cambio de régimen” que dice Trump, acabar con la primera experiencia de una revolución triunfante de definición socialista en el continente. La amenaza a la seguridad nacional de EU que dice Trump no es por un posible ataque o acción militar de Cuba, sino por el ejemplo de lucha de la Revolución de 1959. “La batalla de Cuba es la batalla de toda América Latina. Esta es la importancia de nuestra isla y es por eso que ellos quieren suprimir el ‘mal ejemplo’ que estamos poniendo” dijo en su momento el Che Guevara. Nuestra visión es internacionalista, no estrechamente nacionalista y por eso no respondemos a las amenazas yanquis contra México, con declaraciones de apoyo acrítico al gobierno mexicano, abandonando las luchas que da la clase trabajadora contra el neoliberalismo “gobierne quien gobierne”, pero también sabiendo que finalmente la derrota o freno a la ofensiva imperialista de Trump depende del auge de la lucha de la clase trabajadora en Estados Unidos, que ahora también está compuesta en gran proporción por migrantes y personas de origen mexicano.
6.-Frente antifascista. Frente antimperialista.
El eje de lucha antimperialista que estamos integrando en nuestra perspectiva es lo que algunos consideran, incluso dentro de la Cuarta Internacional, la necesidad de un frente antifascista. Desde el XVIII Congreso Mundial como PRT hemos planteado algunas precisiones, que es necesario recordar. Con el argumento del frente antifascista algunos de Morena y seguidores que se ponen a la cola, argumentan que siempre, en primer lugar electoralmente, hay que apoyar a Morena ante el riesgo del crecimiento de la derecha o ahora de la ultraderecha. Para las elecciones presidenciales de 2024 lo argumentaron diciendo que no había que hacer el juego a la derecha (aunque te abstuvieras consideraban eso hacerle el juego a la derecha). La experiencia misma demostró que, afortunadamente, no existe ese riesgo por parte de la derecha en México. Los partidos tradicionales de la derecha en México no representan ya un riesgo desde 2018 en que se dio el “voto del hartazgo”. Están desfondados (el PRD incluso ya sin registro legal) y no tienen autoridad moral. El riesgo actual en México no es la derecha tradicional en el terreno electoral; el riesgo actual es directamente el intervencionismo imperialista con Trump. Por supuesto que, ante la amenaza imperialista, rápidamente alzan la cabeza una suerte de nuevos “polkos” que quisieran la presencia gringa para “meter orden” en México y que desde hace mucho embellecen y están deslumbrados ante sus ojos por la sociedad gringa (el “american way of life” idealizado) y hubieran querido que la invasión yanqui del siglo XIX hubiera anexado más regiones del norte de México para “modernizarlo”. Pero este pensamiento debe ser minoritario, no organizado políticamente y contrasta con el amplio sentimiento nacionalista, antimperialista y anti gringo, que existe en la sociedad mexicana. Siguen presentes en la conciencia colectiva todas las invasiones yanquis a México y sobre todo el despojo de la mitad del siglo XIX. Destaca en comparación el ataque de EU en enero de este año contra Venezuela. Es la primera vez en la historia en que hay una incursión armada yanqui en la capital de un país sudamericano. No hablamos de otro tipo de acciones, como el Plan Cóndor, el golpe de Pinochet, el asesinato del Che Guevara en Bolivia, sino directamente de una intervención armada de Estados Unidos en un país sudamericano. En cambio, en México y en el Caribe hay infinidad de agresiones militares yanquis. Por eso decimos que existe todavía un fuerte sentimiento nacionalista y antiyanqui. Pero por tanto decimos que el riesgo en México, en este momento, no es la derecha tradicional o la ultraderecha en el terreno electoral, sino el intervencionismo imperialista. Y es esto lo que nos impone la necesidad de una línea antimperialista y si acaso un frente antimperialista o una unidad antimperialista. Pero no, como quizá en otros países, un frente antifascista.
Y éste es el otro problema. Cuando se habla de frente antifascista se le circunscribe básicamente a un frente electoral. Siempre con el argumento de la amenaza de triunfo electoral de una opción de la derecha y la ultraderecha. No discuto aquí la pertinencia de hacer este tipo de frente electoral en los casos de otros países. Pero, por lo dicho antes, no creo sea el caso para México. Pero además la concepción de frente antifascista que se quiere generalizar no la pienso correcta. Es un frente pluriclasista, es decir claramente en el terreno electoral, un frente con partidos burgueses o del sistema, pero que se definen como demócratas, socialdemócratas o progresistas. Ese frente antifascista se coloca en la vertiente del frente popular stalinista de los años 30. Es necesario hacer unidad en la acción o frente antimperialista con cualquier fuerza o activistas dispuestos a actuar, unidad de acción incluso pluriclasista o con partidarios de Morena. Contra la intervención militar imperialista, contra la agresión derechista a movimientos de la diversidad sexual o del feminismo, contra la represión o por la libertad de presos políticos, pero es unidad de acción, no unidad en torno a un programa electoral. Hay una confusión intencionada entre frente antifascista y el frente único. Una cosa es un frente antifascista como frente populista y otra cosa es un frente único para la acción. La confusión deriva de circunscribir al frente antifascista como frente electoral.
El problema se volverá a plantear en México, en la perspectiva de las elecciones intermedias del 2027. Nuevamente Morena y sus corifeos querrán plantearnos el callejón sin salida de la visión binaria. Y quizá alguien quiera decir que es el frente antifascista. No aceptamos esa conclusión. Mantenemos en cambio la necesidad de luchas de frente antimperialista ante las amenazas de Trump. Pero oponernos al intervencionismo yanqui en cualquier caso no quiere decir apoyar incondicionalmente al gobierno mexicano. Menos aún frenar la lucha de clases para no “debilitar” al gobierno mexicano frente al imperialismo.
7.- Antimperialismo y lucha de clases, la necesidad del polo alternativo en un clima de creciente conflictividad social.
Indudablemente que combinar antimperialismo con la idea de polo alternativo de clase entre el gobierno y la derecha en las circunstancias actuales implica una tarea muy complicada pero que necesita también audacia y firmeza.
La ofensiva intervencionista y neocolonial de Trump ocurre en un contexto también de agudización de conflictos sociales en México, de nuevas, fuertes y legítimas luchas sociales; con la huelga de la CNTE convirtiéndose en una referencia para esas luchas se comprueba de que sí es posible representar un polo social alternativo de clase. Al mismo tiempo, con estas luchas sociales (sin tomar en cuenta todavía las pugnas interburocráticas y carreristas típicas del oportunismo electoral en la perspectiva de las elecciones intermedias del 2027) se empiezan a ver fisuras, críticas o deslindes y diferenciaciones en el seno del poder. Esto sin que todavía se ponga en duda el nivel de consenso social mayoritario o popularidad del gobierno desde la elección presidencial del 2024. Pero empiezan a verse este tipo de problemas de desgaste. Probablemente ante las respuestas (o falta de respuestas) del gobierno (y frecuentemente de la presidencia) ante el creciente número de demandas sociales cuestionadoras de la política neoliberal o de reclamos de problemas no resueltos. Las presiones y amenazas imperialistas añaden a esta situación un componente importante. El gobierno y sus partidarios ven cada vez más a las movilizaciones, luchas y demandas sociales como inconvenientes muestras de debilidad e ingobernabilidad a los ojos del imperialismo. Y en vez de resolver positivamente estas demandas, optan por rechazarlas, ceder cada vez más a la represión o a la calumnia diciendo que son instrumentos o le hacen juego a la derecha o al imperialismo. En realidad, es el propio gobierno que va cediendo a las presiones imperialistas teniendo como prioridad la negociación del TMEC. La integración económica neoliberal por medio del TLC de México a Estados Unidos desde enero de 1994, pone en entredicho toda la perspectiva del gobierno mexicano, incluso con su “Plan México” que se sustenta en el cálculo de inversiones extranjeras, si es que Trump impone un cambio de reglas. Irónicamente, el gobierno de Morena quisiera embarcar como una tarea de la izquierda “salvar al TLC” cuando la izquierda luchó contra esa integración (la propia Bertha Luján, madre de Luisa María Alcalde hasta hace poco presidenta de Morena, fue parte activa de la Red Mexicana de Acción Frente al Libre Comercio en los años 90) y el subcomandante Marcos diciendo que el levantamiento del EZLN ocurrió el 1 de enero del 94 porque al entrar en vigor el TLC se declaraba la muerte de los pueblos indígenas. Ahora, al mismo tiempo que se cede a otras presiones del imperialismo (Cuba o Israel, por ejemplo, la migración, el narco) se rechazan demandas sociales que incluso habían sido ofrecidas en campaña electoral, a cambio de lograr salvar al TMEC. Otros, por cierto, también están dispuestos a negociar a Cuba, a cambio de otros acuerdos como hacen Rusia en cuanto a Ucrania o China, en cuanto a Taiwán o todos en cuanto al genocidio en Gaza y la suerte de Palestina. El riesgo que enfrenta Sheinbaum es que no consiga ni una ni otra cosa: de todos modos, aparezca oponiéndose a las luchas sociales y tampoco consiga el favor de Trump en la negociación del TMEC.
Entre los ejemplos de esta creciente conflictividad social y de persistentes luchas sociales en el marco de la agudización de la lucha de clases destacan las siguientes:
En primer lugar, el aumento de las huelgas de trabajadores, expresión clara de la lucha de clases que aunque a veces aparezca distorsionada por direcciones burocráticas, es otro escenario diferente al de los conflictos palaciegos y las luchas políticas, incluso en el terreno parlamentario. Hay algunas huelgas recientes que son emblemáticas de capacidad de lucha como las de Tornel, o la del Monte de Piedad, así como en los meses recientes huelgas universitarias o la de secciones del sindicato minero, como la de Cananea (resuelta en diciembre pasado después de años), pero el dato general también es significativo del clima social y laboral en el país en estas semanas (y que tendrá un punto alto con la huelga de la CNTE). Según datos de la propia Secretaría del Trabajo, en lo que va del sexenio de Sheinbaum (casi dos años) han estallado 28 huelgas, un repunte del 55 por ciento respecto a lo observado en el mismo lapso de los dos sexenios anteriores. Durante el actual gobierno, en 2025 estallaron14 huelgas, de las cuales 8 concluyeron. En lo que va de 2026 han ocurrido otras 14, tres de ellas ya fueron resueltas. Estos conflictos han involucrado la participación de 17 mil 619 trabajadores y se mantienen activos 17 movimientos.
Este sexenio concentra algunos de los conflictos laborales más prolongados de los últimos años, entre ellos la huelga del Nacional Monte de Piedad que suma nueve meses, así como la de la empresa Blurama, donde trabajadores de la sección 228 del Sindicato Nacional Minero iniciaron un paro desde hace un año. En ambos casos, las violaciones al Contrato Colectivo de Trabajo (CCT) fueron el detonante.
En el caso del Monte de Piedad, las partes mantienen negociaciones en la Secretaría del Trabajo y Prevención Social para “llegar a un punto de acuerdo”, en el que se logre el respeto al CCT y que “de viabilidad a la institución”, de acuerdo con el sindicato.
Otro caso es el de la empresa llantera Tornel que tiene más de cuatro meses. La huelga fue estallada el 23 de febrero en demanda de la aplicación del Contrato Ley de la Industria Hulera y de mejoras salariales; un mes después los trabajadores sufrieron un ataque armado. Continúan las negociaciones.
De las 28 huelgas estalladas en la presente administración, la mayoría han sido por violaciones al CCT, al contrato ley y por la revisión bianual de este documento. Por sector, la industria manufacturera es el área con mayor incidencia, al acumular 15 y le sigue el sector transportes, con cinco.
Cabe mencionar que, en 2025, se registraron mil 474 emplazamientos a huelga y al año siguiente 464. El escenario de huelgas y luchas sindicales ubica más claramente el verdadero impacto del aumento a los salarios mínimos que tanto celebran los progresistas cuando, como hemos dicho antes, estos no se corresponden con los aumentos a los salarios contractuales y en algunos casos éstos son tan bajos como el mayor nivel de los salarios mínimos. Este incremento en las luchas obreras y sindicales (que también se reflejan en las revisiones contractuales de lo pactado por las direcciones sindicales que puede llevarles a perder la titularidad contractual a sindicatos charros) que es señal optimista frente al clima marcado por la politiquería burguesa también puede incrementarse si es que las negociaciones del TMEC representara la salida de más empresas de México por el incremento de aranceles.
Además del nivel de luchas laborales hay otros conflictos en curso, aunque no se expresen sindicalmente pero que se apuntan por los compromisos del gobierno con diversos sectores burgueses. Por ejemplo, el cambio de posición sobre el fracking. En el gobierno de AMLO se planteó la prohibición del fracking y con esa línea Claudia Sheinmbaum hizo campaña. Ahora por las presiones imperialistas, dice que hay que asegurar la soberanía energética y por tanto plantea la posibilidad de revisar la posición sobre el fracking buscando maneras sustentables, “amigables” con la naturaleza. El diputado Ramírez Cuéllar, que ha estado encargado de las relaciones con el movimiento social y presume de coherencia izquierdista, ahora es el que ha abierto el debate para revisar el fracking. Es posible que habrá partidarios de Morena que no estén de acuerdo en esta revisión, incluso argumentando lealtad a López Obrador. Pero lo más importante es que sí hay movimientos sociales en lucha contra el fracking, por ejemplo, en la Huasteca, donde ya se realizó el V Foro Regional contra el fracking. Además de la muy discutible pretensión de encontrar una fórmula amigable, “sustentable” al repudiado sistema de fracturación hidráulica (y por eso se ha encargado el estudio a un grupo científico encabezado por la secretaria Rosaura Ruiz, antigua participante del grupo de la Facultad de Ciencias de donde viene Sheinbaum) el tema tiene otras aristas a considerar. Además del daño ambiental y el problema del agua como ha sido señalado en la Huasteca, Tamaulipas, Nuevo León o Coahuila, está el problema de la inversión para desarrollar este proyecto que es contradictorio con la argumentación de la presidenta que dice que así se avanzaría a la soberanía energética para no depender del extranjero. Según una nota publicada en El País, “el gobierno mexicano perfila un fideicomiso para financiar el regreso del fracking con inversión privada”. Tal fideicomiso “abre la puerta a un cambio de calado en la relación entre el Estado y el capital privado…prevé la participación de inversionistas conforme al marco jurídico vigente, incluidos actores extranjeros, siempre bajo la rectoría del Estado y sin alterar la propiedad nacional de los hidrocarburos ..Si el proyecto recibe finalmente luz verde las grandes compañías energéticas estadunidenses se perfilan como las mejor posicionadas para aportar capital, experiencia y tecnología en el desarrollo de yacimientos no convencionales”
El otro pendiente es obviamente el caso de Ayotzinapa y los desaparecidos. Como dijimos en el XIV Congreso, de haber prometido que resolvería el caso, AMLO terminó su sexenio acusando al movimiento por los 43 de ser manipulados por la derecha. Como diría Sancho a El Quijote: “nos topamos con la Iglesia”. Las investigaciones sobre los 43 están estancadas porque se llegó a un muro infranqueable: el ejército. Como dicen las familiares: las reuniones con el gobierno son mesas de diálogo, no mesas de resoluciones. Por eso la presidenta puede decir, en este caso como en otros, que están abiertos al diálogo. Mesas para platicar y hasta escuchar a los quejosos, pero sin resolver. Mientras tanto, sólo en este año, se reportan casi 12 mil nuevos desaparecidos de los cuales solo han localizado al 59%. Según el Registro Nacional de la Comisión de Búsqueda en lo que va de este año ha habido 11 mil 746 personas reportadas como desaparecidas y no localizadas. De las cuales 6 mil 978 han sido encontradas y 4 mil 768 siguen en calidad de “ausentes”. Del total de localizados 6 mil 544 fueron con vida y 434 fallecidos. De estas cifras oficiales también hay que tomar en cuenta, la “cifra negra” de aquellas personas no reportadas y por tanto no registradas por. Pero destacamos la gravedad del problema que sigue creciendo incluso en este segundo año del nuevo gobierno.
Pero además de los 43 y los desaparecidos políticos (olvidados con la complicidad de Rosario Piedra desde la CNDH y sus acuerdos con el ejército) ahora está el gigantesco caso de 130 mil desaparecidos en el marco de la guerra contra el narcotráfico y el de las madres buscadoras, también criminalizadas y obstaculizadas en sus manifestaciones de protesta, especialmente durante los días del Mundial de fútbol. En ambos casos nuevamente con la complicidad de la CNDH en que, por ejemplo, para la revisión de los camiones de Ayotzinapa para evitar que entren a la CDMX por supuestamente traer explosivos, personal de la CNDH colabora con la policía para subir a los camiones en busca de explosivos. Por supuesto los de Ayotzinapa ya rechazan estas revisiones. Como dijo Abel Barrera, la actuación de la CNDH recuerda cuando fue creada por Salinas de Gortari y sus visitadores eran policías, prestados por la PGR para las investigaciones de la Comisión de Jorge Carpizo y hoy los vemos “subiéndose a los autobuses haciéndola de agentes, parea ver qué artefactos llevan los jóvenes”
Las desapariciones forzadas, con los casos emblemáticos de Ayotzinapa y los desaparecidos políticos denunciados por el Comité Eureka en la época de Rosario Ibarra, pasarán a la historia como la demostración más grave y brutal del fracaso y engaño de los gobiernos progresistas de Morena en derechos humanos. Al inicio de cada sexenio, Rosario Ibarra presentaba al nuevo presidente la lista y demanda de que los desaparecidos fueran presentadas. Al finalizar el correspondiente sexenio, Rosario Ibarra los incluía en la lista de cómplices del crimen de lesa humanidad por no haberlo resuelto. Cuando el Senado de la República en 2019 le otorgó la medalla Belisario Domínguez, en su mensaje escrito Rosario Ibarra entregó en resguardo el premio al presidente López Obrador pidiéndole se lo devolviera junto con los desaparecidos políticos. Como en el caso de los gobiernos anteriores, Rosario Ibarra emplazó al nuevo gobierno a resolver el reclamo por los desaparecidos. El gobierno anterior concluyó y el nuevo, del mismo partido, se acerca a la mitad de su periodo y en vez de resolver el tema, se ha exonerado al ejército de estos crímenes (AMLO hasta los exoneró en declaración pública del 2 de octubre), incluso con la colaboración (complicidad) de la hija de Rosario Ibarra, la presidenta de la CNDH Rosario Piedra. La historia pondrá a cada quien en su lugar. Mientras tanto gobierne quien gobierne, continuamos la lucha como Rosario Ibarra decía: no hay democracia con desaparecidos.
Otro ejemplo de la problemática ambiental y de conflicto con las comunidades es el caso de la planta de amoniaco en la Bahía de Ohuira en Sinaloa, de capital suizo y alemán. Esta planta de amoniaco es rechazada por un movimiento integrado mayoritariamente por mayos yoremes por los daños ambientales que hará al entorno y que la titular de la SEMARNAT, Andrea Bárcenas, pese a todo sostiene (no obstante las repetidas indicaciones de la presidenta de que se reúna con las comunidades afectadas) clara indiferencia al rechazo. El esquema es el mismo: la presidenta alega que la planta de amoniaco ayudará a la soberanía energética y alimentaria con la producción de fertilizantes, que implicará nuevas inversiones extranjeras y empleos y que las comunidades indígenas fueron consultadas. Ante la gravedad del caso lo de Bahía de Ohuira se convierte en estos días en punta de lanza de infinidad de conflictos ambientales ocasionados por la presencia de empresas extranjeras autorizadas por el gobierno y que se presentan en muchos lugares del país, desde Los Azufres en Michoacán, la Laguna de Cuyutlán en Colima, otros casos de agresiones de compañías mineras contra comunidades en Chiapas etc. Todo ello, como ya señalamos por el uso de la violencia contra las comunidades por parte del crimen organizado y sus sicarios que se reconvierten de narcotraficantes en empleados de las compañías mineras para imponer el extractivismo despojando a las comunidades y sus derechos. Como es el escandaloso caso de desplazamiento de comunidades en Guerrero y en la costa michoacana donde Los Ardillos en un caso y el CJNG en otro, atacan a las comunidades en resistencia con armas de alto poder y drones, con el contubernio de autoridades gubernamentales y fuerzas del orden
Podríamos agregar mucho más en relación a las causas feministas y la lucha contra la violencia a las mujeres, en especial el feminicidio que en lugares como el Estado de Morelos es una constante escandalosa y en crecimiento.y que ha conocido el surgimiento de un fuerte movimiento estudiantil exigiendo justicia. Pero no solo el feminicidio en general, sino el incremento de asesinatos de defensoras ambientales, de mujeres y de trans en que la mayoría de las asesinadas son mujeres. También existen las luchas estudiantiles contra los porros y por la democratización de sus escuelas, incluso en el Politécnico Nacional.
Los agricultores en el norte y centro del país suben intermitentemente sus tractores y maquinaria agrícola a carreteras, bloquean el tránsito y dejan el paso libre en las casetas de pago, demandando precios justos para los básicos, dejar fuera a cereales del TMEC y políticas agrícolas de fomento que desde el gobierno de AMLO y su ofensiva contra la organizaciones colectivas, no solo ONGs acusadas de corruptas, sino organizaciones campesinas desmanteladas, han sustituido políticas agrícolas con tarjetas de bienestar individualizadas para la sobrevivencia pero sin planes de desarrollo agrícola. Simultáneamente a la lucha de estos agricultores están los transportistas que son víctimas tanto de la extorsión policial por conducir sus tráileres con licencias electrónicas, como por la delincuencia que les exige derecho de piso y les roba sus mercancías.
En muchos lugares del país, hay una lucha permanente de comunidades indígenas, movimientos urbano populares y ciudadanos en defensa del agua. “Agua sí, megaproyectos no” es una de las consignas más extendidas entre los defensores del líquido vital. Lo mismo exigen el abasto del agua, que se oponen a su privatización y contaminación.
Para el gobierno en las últimas semanas, previo al Mundial, todo se trata de una conspiración pero la verdad que en esta conflictividad social creciente en la CDMX había ya quejas, protestas y movimientos contra la gentrificación. Todo esto se agudizó con las obras realizadas por el gobierno de la Ciudad de México (y de otra manera en Monterrey donde el gobierno levantó muros para que los turistas no vean las zonas pobres de la ciudad) para recibir a turistas y aficionados al fútbol durante el Mundial. Y las protestas no es que sean violentas aunque así sean tratadas por la policía. Por ejemplo el boicot gráfico al Mundial bajo el puente del Estadio Azteca, en la CDMX, desde noviembre de 2025 hasta cuatro días antes de la inauguración del Mundial. En el marco de estas acciones nació la Asamblea del Común que convocó a la reta-protesta-conferencia anti-FIFA (por el gran negocio realizado con el deporte) el pasado 7 de junio. La movilización expresa las denuncias de vecinas de Santa Úrsula y colonia vecinas contra la construcción de megaproyectos inmobiliarios. En esas movilizaciones, en las de las madres buscadoras, en el magisterio y otros ha empezado a hacerse común las “cascaritas” en las calles como forma de protesta.
Pero con la paranoia del gobierno de que había una “conspiración” para impedir el Mundial en la CDMX, los derechos de manifestación y protesta tan ampliamente exigidos desde el Movimiento Estudiantil del 68 también fueron puestos en duda y generalizadas las nuevas formas de “contención” y encapsulamientos para impedir las movilizaciones, lo que Abel Barrera, de Tlachinollan, llama “una estrategia de contrainsurgencia” en que los supuestos explosivos de los de Ayotzinapa y el supuesto dinero para pagar el viaje de las madres buscadoras a CDMX, es “una narrativa construida ahora por el gobierno de la 4T para descalificar al movimiento social, a los colectivos de víctimas”. Un día antes de la inauguración del Mundial, se realizó la tradicional marcha del 10 de junio. Este año, por cierto, la marcha convocada por el Comité 68 no pudo llegar al Zócalo. Félix Gamundi, histórico líder del CNH del 68 y del Comité 68 de la actualidad, junto con Raúl Álvarez Garín, ya fallecido, pero ambos representativos de la corriente política de Punto Crítico (conocida por la presidenta), declaró a propósito de “El Halconazo” de 1971 que “es inadmisible que, a más de cinco décadas, quienes participaron en la comisión de estos crímenes continúen gozando de libertad, beneficios y prerrogativas otorgadas por el propio Estado, sin haber rendido cuentas ante la justicia”. Y repudió las medidas tomadas por el gobierno federal y de la Ciudad de México que “han restringido el ejercicio de derechos y libertades fundamentales, particularmente el derecho a la libre manifestación, la protesta social y la movilidad de la ciudadanía. Nos encontramos frente a un Mundial excluyente, su organización ha estado acompañada de procesos de especulación inmobiliaria, encarecimiento de la vida urbana, despojo y agudización de las desigualdades existentes”. Seguramente la presidenta recuerda, o se lo pueden contar sus padres, que el Movimiento del 68 centralmente definido por la lucha por libertades democráticas impuso en agosto-septiembre de ese año el derecho de manifestación para llegar al zócalo de la Ciudad de México. Antes de eso, el PRI-gobierno (el partido de Estado de esa época) no permitía manifestaciones de protesta en el Zócalo que era exclusivamente para actos del PRI y del gobierno.
8.- La injerencia imperialista en acción: Rocha de Sinaloa y la CIA en Chihuahua.
A fines de abril, el gobierno de Estados Unidos presentó la acusación de vínculos con el crimen organizado contra el gobernador Rubén Rocha Moya de Sinaloa, así como contra el senador por Sinaloa, también de Morena y otros altos funcionarios del gobierno de ese estado y exigiendo la aprehensión e inmediata extradición de todos ellos. Un total de 10 funcionarios del gobierno de Sinaloa. El 19 de abril se dio a conocer un operativo anti drogas en el estado de Chihuahua, donde accidentalmente habrían muerto dos agentes de la CIA (además de dos agentes estadunidenses más que también participaron en el operativo) De las amenazas previas de Trump advirtiendo de acciones militares ya en territorio mexicano, se pasó concretamente a este nivel ya de injerencismo que ha generado, además del rechazo a las pretensiones de EU, una crisis política también en México.
La exigencia de que México ejecute la orden de aprehensión y extradición a Estados Unidos de los 10 funcionarios mexicanos de Sinaloa sin pruebas contundentes es efectivamente ilegal pero sobre todo confirma la pretensión de Trump y su doctrina Monroe actualizada de ser el policía del mundo y actuar por encima del derecho internacional y los procedimientos de justicia. Y al mismo tiempo el descubrimiento de que, con la aprobación del gobierno de Chihuahua encabezado por la panista Maru Campos, hay actuación armada ya de agentes de la CIA (e incluso una torre donde funcionan sus oficinas y coordinan sus labores de vigilancia y espionaje en Ciudad Juárez) lo cual confirma la amenaza de intervención yanqui en México. De nuevo violando todo procedimiento legal pues aunque la presencia de la CIA en el estado de Chihuahua es reconocido como un acuerdo con el gobierno local, para una participación de esta magnitud de una agencia extranjera se habría requerido un acuerdo formal con el gobierno federal, que no existe. O sea, Trump impone su intervención armada como sea, incluso con la colaboración de gobiernos locales.
La gravedad de los hechos se distorsiona por el uso que los partidos políticos, tanto Morena como los de la oposición de la derecha tradicional, para atacarse mutuamente y tratar de sacar provecho político electoral, sobre todo en la mira de las elecciones del 2027. Las reacciones han sido diferenciadas. Mientras que Rocha Moya pide licencia como gobernador y se queda en Sinaloa a disposición de la investigación, pero con protección policiaca estatal, y asegurando a una gobernadora sustituta de su equipo; Maru Campos se mantiene en su puesto (aunque renuncian algunos de los funcionarios involucrados en la participación de la CIA en Chihuahua) y pasa a la ofensiva diciendo que ella sí combate realmente al narcotráfico y aunque se le invita a comparecer en el Senado para informar, no se presenta.
En las filas de partidarios de Morena también desata diferencias entre lo que debe ser una línea antimperialista y mantenerse encubriendo a los gobiernos de Morena a toda costa. Benito Mirón Lince, que participa en la Promotora por la suspensión de la deuda pero que también está en el ámbito del Partido del Socialismo Mexicano (sin registro), es decir socialistas que apoyan la 4T, ha escrito en las redes pidiendo que Rocha Moya se entregue a los Estados Unidos en forma “voluntaria” para evitar que Sheinbaum se vea forzada a ceder ante Trump y extraditarlo. Un sacrificio que le pide a Rocha Moya en aras de defender a “la 4T”, pero además porque dice Mirón, “todo mundo sabe que sí está involucrado en el narcotráfico” desde Sinaloa. Frente a ello, voceros del MSP le responden a Mirón Lince oponiéndose porque, dicen, eso es ceder a la presión imperialista de acusar sin pruebas. O sea, la lógica de cerrar filas con el gobierno a toda costa.
Como en el caso de la participación de la CIA por medio del gobierno local, las fuerzas imperialistas están aprovechando todas las contradicciones y mentiras del gobierno y los partidos para imponer su voluntad intervencionista. Incluso panistas que quisieran jugar el papel de la venezolana María Corina Machado como la alternativa opositora (o Guaidó en otro momento) a Maduro, olvidando el trato que Trump les da a estos personajes una vez que secuestra a Maduro y sin necesidad de la “oposición” formal tomar el control político de Venezuela manteniendo la estructura del gobierno madurista con la colaboración de Delcy Rodríguez como presidenta en funciones. No hay que olvidar, por ejemplo, que cuando ocurrió el secuestro (la “extracción”) del Mayo Zambada en Sinaloa por medio de la traición de Joaquín Guzmán López (de los Chapitos), la trampa consistió en invitar a Zambada a una reunión donde estarían Cué, opositor a Rocha Moya, pero también el propio gobernador. En esa cita mataron a Cué, y en una avioneta, ahora se denuncia propiedad del FBI, Zambada fue trasladado a Estados Unidos y entregado a la policía estadunidense. Joaquín Guzmán habría negociado con las autoridades de EU la entrega de Zambada y su propia entrega a cambio de una serie de amplias ventajas para él y su familia. Según declaraciones de Rocha en la época, él no acudió a la cita pues estaba en viaje familiar en Estados Unidos.
En este tema encontramos la exigencia que estamos planteando para este periodo. Efectivamente mantener una posición antimperialista firme, como es rechazar la intervención yanqui en México, incluso con la pretensión de decidir quién debe ser extraditado, pero sin que eso implique solapar y subordinarse al gobierno mexicano en aras de un hueco y descafeinado antimperialismo. Rocha Moya debe ser juzgado ya en México, al igual que los otros funcionarios y el senador sinaloense (aunque por lo menos dos de ellos ya se entregaron por su cuenta a las autoridades estadunidenses). Encubrir al gobierno mexicano, así como abandonar las luchas sociales actuales, no fortalece a México frente al imperialismo yanqui. Le ofrece más pretextos al imperialismo con un gobierno deslegitimado y debilitado por su oposición a las demandas populares.
En el caso de Chihuahua no es posible mantenerse simplemente en la pugna político partidaria para ver quién saca más ventaja de lo denunciado. No hay que quitar el dedo del renglón de lo verdaderamente grave que es la participación ya de intervenciones armadas de la CIA en territorio nacional. Esto es lo que debe ser rechazado ya. Gobiernos locales, tanto de panistas como de priístas, pueden ser peones en el interés yanqui, pero lo grave es que lo están logrando. Y los compromisos (no simplemente por corrupción) que políticos, empresarios y funcionarios mexicanos de todos los partidos (incluidos gobernadores de Morena) van haciendo con los intereses imperialistas facilitan la intervención policiaca y armada con las agencias yanquis. La continuación de políticas neoliberales por parte del gobierno federal, promoviendo la inversión extranjera en áreas sensibles desde minería y otras que favorecen daños ambientales y despojos de comunidades indígenas y de zonas rurales, la colaboración de las fuerzas armadas mexicanas en ejercicios, cursos y capacitación con las fuerzas armadas yanquis, abren la puerta para la intervención como la de Chihuahua sin necesidad de acuerdos explícitos con el gobierno federal.
9.- La importancia de la lucha de la CNTE en medio de la gran conflictividad social.
Pero obviamente en este contexto, la mayor relevancia la tiene la lucha encabezada por la CNTE y la huelga realizada del 1 al 30 de junio. Primero por su dimensión nacional y la incorporación de nuevos contingentes a la lucha docente que no necesariamente eran parte de la CNTE. Segundo, porque pese a que el gobierno acusaba de que quería desatar la violencia para “dejar mal” a México y boicotear el Mundial, lo que acercaba la posibilidad de una represión masiva como lo anunciaban los amplísimos despliegues policiacos, en realidad logró el día de la inauguración del Mundial hacer su protesta y replegarse inteligentemente para no exponer a sus bases a la violencia. Pero sobre todo reafirmando el carácter de sus demandas, especialmente el rechazo a las AFORES y el regreso a un sistema pensionario solidario, intergeneracional, claramente con un filo no solo antineoliberal, sino anticapitalista y por tanto convertida en una reivindicación propia de la clase trabajadora. Este carácter de clase desmonta las acusaciones de hacerle el juego a la derecha, de que los “extremos se juntan” y demás calumnias. Esta lucha, por el contrario, representa el mejor ejemplo de un polo social de clase alternativo al gobierno y a la derecha tradicional. Evidenció después de que Claudia Sheinbaum en campaña se había comprometido a echar abajo la reforma a la Ley del ISSSTE del 2007, quién está en realidad del lado del neoliberalismo. El movimiento no fue derrotado porque pudo replegarse sin represión general y el polo alternativo que representa es un empuje a una conciencia de clase mayor por fuera de las promesas electorales y los partidos que sostienen al sistema capitalista, incluyendo a Morena. La terrible paradoja que muestra las contradicciones reales es el caso del maestro oaxaqueño Proceso González quien en los ataques policiacos en el centro de la CDMX, perdió un ojo. El mismo maestro que en su pueblo había hecho campaña por Morena, primero por AMLO y después por Claudia Sheinbaum.
Auto envenenada con la versión de que la CNTE quería boicotear el Mundial y provocar una gran represión, la presidenta afirma que la CNTE fracasó. La versión de la conspiración se parece a la de GDO en el 68 diciendo que el Movimiento Estudiantil Popular quería boicotear los Juegos Olímpicos de ese año. Ya en el gobierno, la presidenta olvida las explicaciones y concepciones de activistas de su generación y de sus padres: el movimiento busca aprovechar estos eventos de repercusión internacional para visibilizar la lucha y las demandas del movimiento, incluso, es cierto, aprovechar la presencia de muchos corresponsales extranjeros y medios de comunicación. Oriana Fallaci, la famosa reportera italiana, por ejemplo, llegó a México una quincena antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos del 68 y para su mala suerte fue herida el 2 de octubre. Pero sus reportajes, incluso su dramático testimonio sobre el 2 de octubre, llamaban la atención sobre la legitimidad de las demandas estudiantiles y la brutal respuesta gubernamental cuando reportaba que no veía violencia estudiantil gritando goyas o huelúm que le parecían más bien gritos infantiles.
La huelga de la CNTE no fracasó porque ha elevado el nivel de conciencia de amplios sectores de la clase trabajadora sobre el carácter de la reforma del 2007, no simplemente neoliberal sino a favor del interés de la banca y los sectores capitalistas que controlan las AFORES. Es un paso importante en una conciencia de clase al ubicar su lucha como parte de la lucha de la clase trabajadora contra los capitalistas. Un paso para entender nuestro papel en la lucha de clases. Pero políticamente también al ubicar el papel de las promesas electorales y el compromiso irrenunciable del gobierno de Morena no con los trabajadores, a los que prometió eliminar la reforma del 2007, sino con los bancos y demás mecanismo financieros. Con esa claridad, que todavía les permitió perseguir a la presidenta en sus siguientes giras (y en el caso de Zacatecas, mejor suspender su gira al saber que la CNTE la esperaría para exigir sus legítimas demandas o cuando decidió no hacerse presente en la inauguración del Mundial en el estadio Azteca para eludir las protestas que, como Díaz Ordaz se dieron en el 68 en el Estadio Olímpico y mejor irse a ver la inauguración televisada en una alcaldía). La CNTE, en cambio, levantó el plantón en la CDMX y la huelga replegándose sin sufrir mayor represión y preparándose para continuar (como lo hicieron en mayo del 2025) una nueva jornada de lucha contra las AFORES, la ley del ISSSTE del 2007 y la reforma educativa de Peña y AMLO.
En cambio el desgaste del gobierno en estas jornadas ha sido mayor por el involucramiento personal de la presidenta en todo el conflicto. Es ella directamente quien calumniaba a la CNTE desde las mañaneras, la que tuvo que decir que no cumplirá su promesa sobre la reforma del 2007 y mantendrá el compromiso con las AFORES. Ese protagonismo de la presidenta le saldrá caro pues más que cualquier otro funcionario o Morena misma es la presidenta la que goza de amplísima popularidad desde su elección. Desgaste no quiere decir crisis ni caída del gobierno, como podría ser en otro país. Porque nuestros movimientos no buscan la caída de este gobierno sino derrotar todas las políticas neoliberales que, aunque sean heredadas de los gobiernos del PRI y del PAN, son políticas que mantienen los gobiernos de Morena y que como las AFORES defienden encarnizadamente (incluso con la propuesta de Martí Batres de una AFORE pública que mantiene el criterio individualista). Pero el desgaste crea mejores condiciones para que el movimiento consiga sus demandas. Pero sobre todo puede fortalecer una perspectiva de independencia de clase de las luchas de la clase trabajadora con respecto al gobierno y los partidos burgueses. Esto es importante si recordamos al mismo tiempo que Morena va en la lógica de convertirse en un partido de Estado, un partido pluriclasista, pero dominado por la lógica capitalista y la hegemonía burguesa, donde los sectores de trabajadores están subordinados a esos intereses, incluso con direcciones sindicales charras como la CATEM (la CTM morenista) o el SNTE cuyo secretario general es Alfonso Cepeda Salas, senador de Morena. Aunque en este momento los resultados de la huelga de la CNTE (que fue vista como referencia por las demás luchas) no se traduzcan en este momento en un partido propio de la clase trabajadora, objetivo último del polo político alternativo, sus lecciones apuntan a resistir la embestida de un partido de Estado en que se pierde completamente la independencia de clase (como los trabajadores corporativizados al PRI) Y éste es el mayor riesgo que enfrentamos ante el desarrollo de estas luchas: que se consolide en torno a Morena el nuevo partido de Estado y meta al movimiento a la dinámica electoral y parlamentaria en medio de las pugnas interburguesas.
El desgaste del gobierno se refleja en este giro en su discurso maniqueo de que movimientos como la CNTE le hacen el juego a la derecha, al imperialismo o que los “extremos” se juntan. Para no responder favorablemente a las demandas sociales en un contexto de gran conflictividad social y sometidos a las presiones imperialistas la presidencia piensa que da una imagen de tranquilidad, paz social y gobernabilidad que le ayuda a negociar frente al imperialismo al negar la legitimidad de las demandas y querer negar, ocultar o suprimir estas luchas. En realidad es al revés. Piensa que las únicas movilizaciones y manifestaciones tienen que ser en apoyo al gobierno. Pero en la lógica de su propio gobierno tendría mayor fuerza y autoridad para negociar con el imperialismo si habiendo luchas y movilizaciones sociales, el gobierno las resolviera favorablemente, lo que aunque no resultara en apoyo político por lo menos reduciría la tensión y conflictividad social. Lo ocurrido en los meses recientes no es producto de una conspiración, como quieren creerlo en el gobierno. Es la combinación de un acumulado muy grande de conflictos sociales y luchas que cuestionan cada vez más la continuación de las políticas neoliberales por el actual gobierno, su falta de cumplimento de demandas sociales que en campaña se habían comprometido, así como la combinación de las presiones imperialistas intervencionistas y el interés del gobierno federal de continuar las políticas de integración económica con Estados Unidos que tienen su principal expresión en el TMEC. En ese contexto de ascenso de las luchas es posible aumentar la influencia de la izquierda revolucionaria y la necesaria independencia política y de clase si se avanza en la orientación de polos alternativos en el terreno social y político con respecto tanto al gobierno como a la derecha tradicional.
Seguramente por eso algunos de sus partidarios e incluso personas históricamente cercanas a la presidenta, como Imanol Ordorika, han dicho: en su artículo periodístico del 18 de junio: “Hay frases que delatan. El pasado 5 de junio, en plena efervescencia de los plantones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la educación en el Centro Histórico de la Ciudad de México, voceros del gobierno y de Morena sentenciaron: ‘están haciendo un juego a la ultraderecha, si no es que son los mismo, la verdad’..
”Con esa caracterización sectores de la Cuarta Transformación completaron un recorrido ideológico que debería alarmar a cualquier persona de izquierda: adoptaron sin pudor el repertorio de descalificación que Peña Nieto, Nuño y los voceros mediáticos de la derecha más recalcitrante desplegaron contra el magisterio disidente durante años”.
“El lenguaje del enemigo, ahora en boca del gobierno progresista. Esto no debiera sorprendernos si recordamos que Mario Delgado fue un promotor entusiasta de aquella ‘reforma educativa’. La paradoja es brutal. La CNTE es, hoy por hoy, prácticamente el único movimiento social con capacidad real de movilización en México” (El enemigo en el campo de juego). La advertencia de Ordorika es como la de Félix Hernández Gamundi el 10 de junio.
La alarma que Ordorika le advierte, prácticamente a Sheinbaum, con este corrimiento ideológico es que, si la presidenta asume ese discurso, la señal para el aparato gubernamental y Morena es clara. No sorprende así que partidarios de Morena empiecen a tratar de teorizar la justificación de que cuando “se llega al límite” un gobierno de izquierda también puede reprimir. Esta dinámica es la que ahora, como se vio durante la inauguración del Mundial y la huelga de la CNTE, está convirtiendo nuevamente el derecho de manifestación y protesta en centro de atención de las luchas. El curso de gobiernos federal y locales que en vez de atender las agendas de derechos rezagados en México, prefiere el discurso que simplifica el motivo de las movilizaciones atribuyéndolo a oportunismo político y supuesta manipulación de la derecha. El riesgo que tanto temen sobre el crecimiento de la derecha y que se hace evidente en los casos latinoamericanos de desgaste y descrédito de los gobiernos progresistas aparece como una muestra en días pasados en que el INE otorgó el registro a dos partidos: el reconvertido PES de los evangélicos y congregaciones pentecostales (aliado de AMLO en 2018) y Somos México de la “Marea Rosa” con Álvarez Icaza, experredistas, ex funcionarios del INE que al recibir su reconocimiento oficial han anunciado que otorgarán el 30% de sus candidaturas a madres buscadoras. El oportunismo y la demagogia al 100, queriendo retomar demandas sociales que no han sido resueltas por el gobierno progresista.
Para el PRT está claro que la opción no está en el terreno electoral en este momento. No hay opciones en el escenario político partidario legal. Ni con la demagogia de los nuevos partidos de derecha que quisieran aprovechar aunque sea mínimamente el desprestigio y desgaste de Morena ni tampoco con un supuesto frente antifascista con Morena y sus candidaturas de ex priístas, ex panista y carreristas oportunistas que apuntan hacia un partido de Estado. La opción sigue siendo ser parte de las luchas contra la continuidad del neoliberalismo y fortaleciendo la perspectiva, a mediano plazo, del polo social y político alternativos. El polo alternativo, además, para mantener la independencia política en la lucha, pero también para resistir a la lógica de un nuevo partido de Estado.
El Comité Central del PRT el 3 de julio de 2026.