Política internacional

Guillermo Almeyra: La primavera árabe, Irán, Israel y el imperialismo

La primavera árabe, Irán, Israel y el imperialismo

Guillermo Almeyra
La gravísima crisis que sacude a la Unión Europea, los problemas políticos que enfrenta Barack Obama en Estados Unidos y la discusión en la dirección del Partido Comunista de China y del gobierno de ese país sobre cuál rumbo seguir en la tormenta económica mundial, sacaron del primer plano de los acontecimientos mundiales el análisis de las continuas derrotas imperialistas en el Cercano Oriente.

Simplemente, la ley del más fuerte: Guillermo Almeyra

SIMPLEMENTE, LA LEY DEL MÁS FUERTE.

Gullermo Almeyra

Los bombardeos imperialistas contra Libia plantean diversos problemas. Se mezclan entre éstos los relacionados con la legalidad internacional con los que se refieren a la obligación ética de prestar ayuda humanitaria a poblaciones cuyos gobiernos son incapaces de brindarla o, peor aún, ejercen un poder dictatorial y pueden cometer un genocidio.

 Por ejemplo, como recuerda Gilbert Achcar, ¿no habría sido necesario intervenir preventivamente en Ruanda y Burundi para impedir la matanza de más de medio millón de hutus y tutsis que todos veían venir desde hace rato? ¿Tal intervención humanitaria, preventiva, no habría tenido un costo infinitamente menor que el del genocidio que se produjo y que se habría podido evitar? ¿Una fuerza extranjera de interposición, sobre todo si pertenece a países que nunca fueron colonialistas y que son de la misma región, acaso no puede crear las condiciones de pacificación necesarias para que el pueblo del país donde la rebelión popular mal armada se enfrenta a una dictadura asesina pueda encontrar una solución política –una asamblea constituyente, por ejemplo– y ejerza así su soberanía, porque ésta debe estar en sus manos y no en la de los gobiernos?

 El principio mismo de la intervención humanitaria no puede ser discutido, porque es una obligación semejante a la que tiene toda persona civilizada cuya intervención puede evitar que una bestia humana maltrate a una mujer o a un niño o impedir un crimen.

 Pero entonces surge la pregunta: ¿quién tiene la legitimidad necesaria para decidir si en un país determinado existe o no una dictadura y si hay o no peligro de genocidio? Seguramente no las potencias imperialistas y las ex potencias colonialistas, y menos aún, ensangrentadas por las guerras de agresión y de conquista del pasado y por su participación en la brutal ocupación de Afganistán e Irak, y violadoras, como Estados Unidos, de la legislación internacional con su criminal bloqueo a Cuba.

 Los países que sostienen dictadores desde hace décadas, que apañan la criminal acción colonialista y genocida de Israel en Palestina, que son socios de Arabia Saudita y de los reyezuelos árabes, como se asociaron hasta ayer con Muammar Kadafi, no pueden hablar de ayuda humanitaria cuando lo que los mueve es el deseo de aplastar y controlar la rebelión de los pueblos árabes, que ha desestabilizado todo el dispositivo imperialista en la región, la lucha por la distribución del poder geopolítico en la zona y el ansia de sacar una tajada mayor de la riqueza petrolera libia, y no la preocupación –que no tienen ni nunca tuvieron– por la suerte del pueblo libio.

 Éste es el que debe decidir sobre su propio destino y escoger su forma de gobierno y quiénes serán sus gobernantes. Es cierto que los rebeldes mal armados y desorganizados, que corrían el riesgo de ser aplastados por el poderío técnico de la dictadura, pueden ver con alivio la intervención militar imperialista que salva sus vidas. Pero lo único que podría garantizarles a la vez esas vidas y la libertad, sería una mediación de otros países árabes y africanos, con un pasado común de víctimas del colonialismo y del imperialismo, que negocie una solución pacífica y cree una fuerza militar de interposición entre los combatientes, abriendo así el camino para la preparación pacífica y democrática de elecciones para una asamblea constituyente, de modo que circulen las informaciones, las ideas, las propuestas; separar, en el campo kadafista, los cómplices de la dictadura de los que apoyan al dictador por temor a una recolonización del país y, en el campo rebelde, a quienes son agentes del imperialismo o kadafistas reciclados a última hora de los que, en cambio, quieren un país independiente, libre, soberano, democrático y con todo lo que nunca tuvo (sindicatos, prensa libre, libre expresión política de las diversas comunidades).

 Idealizar en nombre del antimperialismo a Kadafi, sólo porque éste, como rata acorralada, se defiende de sus socios y aliados de ayer, es erróneo. Calificar de humanitaria la actitud imperialista de Washington, que quiere derrocar a Kadafi y para eso bombardea, y la hipocresía y salvajismo de los gobiernos de Sarkozy y Berlusconi, no sólo también es erróneo sino criminal.

 El imperialismo, como en la época del pirata Drake, impone en escala mundial la ley de los cañones y pisotea toda legalidad internacional. Si Kadafi no tiene legitimidad, menos aún la tienen el gobierno de Washington y su presidente, hijo de un africano que cree que puede decidir por los africanos qué les conviene a éstos. No hay otra salida legítima que una comisión de mediación, una fuerza regional o latinoamericana de interposición entre los combatientes y la apertura de un proceso de consulta democrática al pueblo de Libia. La intervención imperialista hace que el mundo retroceda siglos. Esa barbarie debe cesar de inmediato.

Declaración de la IV Intenacional sobre Libia



Comunicado de la Cuarta Internacional


¡Abajo el régimen de Gaddafi!

¡Alto a la intervención imperialista!

¡Apoyemos la revolución libia!


¡Fuera Kadafi! ¡Solidaridad con la revolución en Libia!: IV Internacional

 

DECLARACION DE LA IV INTERNACIONAL

 

¡SOLIDARIDAD CON LA REVOLUCION LIBIA !

¡FUERA KHADAFI !

 

 

La onda de choque de las revoluciones de Túnez y Egipto sigue propagándose en todo el mundo árabe y más allá. Desde hace varios días, es ahora  Libia que se encuentra en el centro de la tormenta revolucionaria. Los acontecimientos están cambiando día a día, hora a hora, pero todo depende ahora de la extraordinaria movilización del pueblo libio. Cientos de miles de libios se levantan, a menudo con sus propias manos desnudas, para tirar a la dictadura de Gaddafi. Ciudades y regiones enteras han caído en las manos del pueblo insurgente. La respuesta de la dictadura ha sido implacable: la represión despiadada, las masacres, bombardeos de poblaciones con armas pesadas y ataques aéreos. Hoy en día es una lucha a muerte entre el pueblo y la dictadura. 


Una de las características de la revolución libia en comparación con las revoluciones de Túnez y Egipto, es el estallido del aparato policiaco y militar, el enfrentamiento en el seno del ejército,  la división territorial de la confrontación entre las regiones y las ciudades controladas por los insurgentes y la región de Trípolisostenida por la fuerza de la dictadura militar. La dictadura en Libia representa todas las injusticias sociales y democráticas, la represión, la violación de las libertades y derechos elementales. La dictadura debe caer.
La revolución en Libia es parte de un proceso que abarca a todo el mundo árabe y más allá, en Irán o China. Los procesos revolucionarios en Túnez y Egipto se radicalizan. En Túnez, los gobiernos caen uno tras otro. La juventud y las organizaciones obreras llevan cada vez más lejos su movimiento. Todas las formas de continuidad del antiguo régimen están siendo cuestionados. La demanda de una asamblea constituyente opuesta a todas las operaciones de sabotaje del régimen toma cada vez más fuerza. En ambos países, Túnez y Egipto, el movimiento obrero se reorganiza al calor de una ola  de huelgas por la satisfacción de demandas sociales vitales. Este ascenso revolucionario toma formas particulares y desiguales según el país: violentos enfrentamientos en Yemen, en Bahrein, manifestaciones en Jordania, en Marruecos y en Argelia. Incluso Irán está, de nuevo,  tocada por un brote de lucha y manifestaciones contra el régimen de Ahmadinejad y por la democracia. 
Es en este contexto que la situación en Libia reviste una importancia estratégica. Esta nueva alza incluye ya cambios históricos , pero su desarrollo puede depender de la Batalla de Libia. Si Gadafi toma el control de la situación con miles de muertes, el proceso será frenado, incluso el contenido bloqueado. Si Gadafi cae, todo el movimiento será tanto estimulado como amplificado. Es por eso que todas las clases dominantes, todo los poderes, todos los regímenes reaccionarios en el mundo árabe apoyan en mayor o menor medida la dictadura libia. 
Es en este contexto que el imperialismo de EE.UU., la Unión Europea y la OTAN  multiplican las maniobras para tratar de controlar el proceso. Las revoluciones en curso debilitan, más allá de los discursos de unos u otros, las posiciones del imperialismo occidental. Entonces, como de costumbre, el imperialismo toma como pretexto "una situación de caos", como él lo llama, o de "catástrofe humanitaria", para preparar una intervención y recuperar el control de la situación. Nadie debe dejarse engañar sobre los objetivos de la potencias de la OTAN: quieren confiscar las revoluciones en curso en los pueblos de la región, e incluso sacar ventaja de la situación, para ocupar nuevas posiciones, especialmente en el control de las regiones petroleras. Por esta razón es fundamental rechazar cualquier intervención militar del imperialismo de EE.UU.. Es el pueblo libio, el que inició este proceso el que debe llevarlo hasta el fin, con el apoyo de los pueblos de la región y todas las fuerzas progresistas a nivel internacional que contribuyen con su solidaridad y apoyo. 
Desde este punto de vista, estamos en total desacuerdo con las posiciones adoptadas por Hugo Chávez, Daniel Ortega y Fidel Castro. Fidel Castro denunció el riesgo de la intervención del imperialismo de EE.UU. en lugar de apoyar la lucha del pueblo libio. En cuanto a Hugo Chávez reiteró su apoyo al dictador Gaddafi. Estas posiciones son inaceptables por las fuerzas revolucionarias, progresistas y antimperialistas del mundo entero. No nos oponemos al imperialismo mediante el apoyo a dictadores que masacran a sus pueblos en revolución. Esto sólo puede reforzarlos. La tarea fundamental del movimiento revolucionario, a escala internacional, es la defensa de la revolución y oponerse al imperialismo mediante el apoyo a estas revoluciones no a los dictadores. 
Nos ponemos al lado del pueblo libio y las revoluciones árabes en curso. Nuestra solidaridad incondicional debe expresarse con los derechos civiles, democráticos y sociales que surgen en esta revolución. Una de las prioridades es apoyar a todas las ayudas para el pueblo libio, la ayuda médica proveniente de Egipto o Túnez, la ayuda alimentaria necesaria - para exigir el cese de todos los contratos comerciales con Libia y el cese de todas las entregas de armas. Se debe impedir la masacre del pueblo libio. 
¡Solidaridad con las revolución árabes! 
¡Apoyo al pueblo de Libia! 
 ¡No a la
intervención imperialista en Libia! 
¡Libia no debe ser tocada!

El 02 de marzo 2011 
                            
Buró Ejecutivo de la IV  Internacional

Túnez, Egipto, un proceso revolucionario de alcance mundial: IV Internacional

TÚNEZ, EGIPTO: UN PROCESO REVOLUCIONARIO DE ALCANCE MUNDIAL

 

1. La victoria extraordinaria del pueblo egipcio contra Mubarak intensifica el alcance histórico de la revolución tunecina que acabó con el régimen de Ben Ali. En tan solo unos días, la onda de choque de estas victorias populares se extendió a toda la región árabe y más allá, e influenció la relación de fuerzas mundial entre las clases. Manifestaciones, huelgas, asambleas, comités de autodefensa, movilizaciones de los sindicatos, de los estudiantes de secundaria y de las organizaciones democráticas se enfrentaron con una determinación absoluta contra los aparatos del Estado, principalmente contra la policía. Millones de tunecinos y egipcios se movilizaron hasta derribar a los dictadores, y continúan en marcha para que no se les arrebaten sus revoluciones.

 

 

2. Se trata de un proceso de revolución permanente que combina estrechamente las dimensiones sociales, democráticas y de soberanía nacional, y que se propaga a nivel internacional. Los efectos de la crisis económica mundial, conjugados con la opresión feroz y la corrupción descarada de las dictaduras, unieron a las clases populares más desfavorecidas, tanto la clase obrera organizada como las clases medias, tanto los jóvenes como los viejos, tanto las mujeres como los hombres. Las masas tunecinas y egipcias ya no podían aceptar los sistemas económicos que las marginaban. Al igual que en muchos países vecinos, la integración a la globalización capitalista desembocó en un crecimiento económico que no creó empleos, sino más bien una concentración de riqueza sin precedentes, un desarrollo desigual de los países y una degradación general de las condiciones de vida y de trabajo.

 

Una de las razones principales de estas revoluciones fue la explosión de los precios alimentarios durante los últimos años. El proceso rápido del cambio climático ha llevado a la crisis alimentaria mundial actual, particularmente en los países como Túnez. La liberalización económica impuesta por el FMI, la OMC y la UE ha resultado en una precarización creciente de los trabajadores, en un acaparamiento de las tierras por el capitalismo agrario dirigido a la exportación, en recortes drásticos en los servicios públicos y en un desempleo masivo, en particular de los jóvenes diplomados. Con el cierre, además, de las fronteras de la Unión Europea a las posibilidades de emigración y la contracción del mercado laboral en las monarquías petroleras del Golfo, ha desaparecido toda perspectiva de escapar a la pobreza.

 

Al mismo tiempo, la sofocación radical de las libertades y de los derechos democráticos se apoyó en los estados policiales, que imponían un control social generalizado. La imposibilidad de contrapoderes —los partidos “de oposición” parlamentarios eran tolerados por los regímenes tunecino y egipcio solamente como fantasmas, las asociaciones eran infiltradas o se obstaculizaba su funcionamiento— hizo que entre las dictaduras y las poblaciones no existiera más que la figura de un líder autocrático y un aparato represivo servil y feroz. Asimismo, el funcionamiento mafioso de los clanes en el poder acabó por deslegitimarlos.

 

En fin, estos dos regímenes se distinguían por su colaboración con el Estado sionista de Israel, lo cual enfurecía aún más a las poblaciones, que consideraban suyos los sufrimientos del pueblo palestino. De cara a todas estas injusticias, las huelgas y las explosiones sociales se multiplicaron durante estos últimos años, lo que permitió una acumulación de experiencias, pero sin conseguir derrumbar el muro del miedo para la mayoría de las poblaciones. Este muro se desbordó en unas semanas y, a pesar de las muy numerosas víctimas, el pueblo tunecino lideró una lucha ininterrumpida hasta sacar al dictador Ben Ali, cuyo ejemplo luego siguió el pueblo egipcio con la salida de Mubarak.

 

3. Con estas victorias, los pueblos de la región árabe recobran una dignidad inmensa, la de su irrupción en el escenario político de la democracia y de la lucha de clases, y no ya la de la alternativa (o combinación) mortífera de autocracias/islamismo en la cual estuvieron atrapados durante 30 años. Las clases populares —y, en primer lugar, la clase obrera— de esta región han adquirido los medios para reivindicar todas las libertades democráticas; y las mujeres, para reivindicar sus derechos y la igualdad con los hombres. Los trabajadores han adquirido los medios para contraatacar a un nivel muy superior los programas de sobreexplotación del neoliberalismo y para desestabilizar profundamente los mecanismos del dominio imperialista sobre la región, tanto europeos como estadounidenses, articulados en el Estado de Israel. El Gobierno israelí, todas las corrientes incluidas, no se equivocó cuando exigió el apoyo de Occidente a los dictadores justo hasta el final.

 

La revolución en la región árabe refleja el potencial para la emancipación social y democrática de toda lucha de masas contra la injusticia. El rol activo de las mujeres en esas movilizaciones es una señal inequívoca. Ese proceso permite combatir las campañas racistas e islamófobas del supuesto “choque de civilizaciones”, que intenta hacernos creer que la movilización de los pueblos árabes-musulmanes le abre el paso al integrismo.

 

Esta dinámica tendrá efectos en el mundo entero. Ya lo ha tenido de inmediato en Jordania, Yemen, Bahréin, Siria, Libia, Argelia, Marruecos y Mauritania, incluso si no se puede prever a qué ritmo y en qué orden pueden caer los regímenes, debido a las particularidades de cada uno. Particularmente en Libia, donde el régimen ha atacado a la población con aviones y helicópteros militares, y ha matado ya a más de 500 personas, ha habido una escalada rápida de la situación que requiere de toda nuestra solidaridad con las masas en movimiento.

 

Estas revoluciones crean nuevas condiciones, muy favorables, para la lucha de los palestinos, una lucha que la Cuarta Internacional fomenta y apoya. La revolución egipcia pone de manifiesto ese crimen contra la humanidad que representa el sitio a Gaza. Frente a esto, la respuesta del Estado sionista puede tornarse más severa y violenta. Será necesario redoblar la movilización para impedirla.

 

La dinámica de estas revoluciones fomenta también las luchas contra las dictaduras en Irán y hasta en China, donde las oposiciones se inspiran en los métodos de coordinación utilizados en Túnez y en Egipto, como lo son las redes sociales. Fomentará inevitablemente las movilizaciones de las comunidades inmigrantes originarias de la región árabe, las cuales son sobreexplotadas y oprimidas en los países capitalistas avanzados. Más que nunca, debemos mantenernos del lado de estas poblaciones.

 

Pero estos procesos podrían tener consecuencias globales todavía mayores en los países imperialistas donde los trabajadores y los jóvenes se enfrentan cada vez más masivamente a los planes de austeridad sin encontrar el camino de la victoria: ¡demuestran que una revolución desde abajo es posible en el siglo 21, que ésta puede acabar con un régimen político aparentemente inexpugnable y conseguir las conquistas que parecían inaccesibles aun ayer!

 

4. Las conquistas de estos procesos ciertamente son frágiles tanto en Túnez como en Egipto, pero esenciales para lo que sigue. Apoyadas en las experiencias populares recientes y el antiguo arraigo de la izquierda radical en los sindicatos, la autogestión se desarrolló masivamente cuando era necesario que los manifestantes y los habitantes de los barrios se protegieran de las exacciones policiales y de las milicias del poder: en Túnez, de Sidi Bouzid a los barrios populares de las grandes ciudades y en la Kasbah de la capital; en Egipto, de la Plaza de la Liberación de El Cairo a los barrios de Suez, Mansourah o Alejandría. Escenas inimaginables unos cuantos días antes: los musulmanes y los coptos protegían mutuamente sus momentos de oraciones; los obreros y los internautas jóvenes, las mujeres y los religiosos, los escritores y los taxistas se paraban hombro a hombro en los puntos atacados por los secuaces de Mubarak. El pueblo logró desestabilizar el ejército, mientras intentaba fraternizar sistemáticamente con los soldados.

Los dictadores huyeron, el liderato de los partidos en el poder tuvieron que irse bajo la presión de las movilizaciones, y las movilizaciones populares continúan. En Túnez, los dirigentes más corruptos son perseguidos por la justicia, los fondos y los bienes del RCD fueron congelados, y sus locales se han convertido en casas del pueblo. La mayor parte de los prisioneros políticos ha sido liberada. Si es que no han sido desmantelados, los aparatos policiacos de ambos países están desorganizados. Los empleados del ministerio comienzan a ejercer un control sobre sus dirigentes, como aquellos en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Túnez, que consiguieron la renuncia de su ministro, quien había cubierto de elogios a la ministra Alliot-Marie. Muchos gobernadores, alcaldes y funcionarios públicos tunecinos han tenido que renunciar. ¡Las masas tunecinas han llegado incluso a exigir la salida del recién llegado Embajador de Francia, luego de su declaración despectiva! Muchos trabajadores temporeros del servicio público han sido nombrados a puestos permanentes; el capital de los empresarios más corruptos de Túnez ha sido nacionalizado. En Egipto, esos procesos también han comenzado. Los servidores públicos han obtenido aumentos de salario de un 15 por ciento; muchas huelgas obreras se desarrollan a pesar de las amenazas del nuevo poder.

 

5. Por supuesto, las clases dominantes no se quedaron inertes y serán más y más activas de cara a los procesos revolucionarios. En Túnez, la “neutralidad” del ejército y la partida de Ben Ali se contrabalancearon con la permanencia en el poder de su primer ministro, Ghannouchi, y muchos de los dirigentes del RCD, que sería legitimada por la llegada al gobierno de varios partidos de la oposición y del gran sindicato UGTT. El rechazo a esto y la movilización popular impusieron un segundo gobierno en que solo el Primer Ministro queda entre los ejecutivos del RCD. Pero el nuevo poder es dirigido por los ejecutivos del imperialismo francés, y éste, junto a los capitalistas tunecinos y al ejército, está concentrando todos sus esfuerzos en convencer a los trabajadores de reanudar el trabajo “como antes”. Sería cuestión de cerrar un paréntesis… mientras se conforman con anunciar las elecciones generales en 6 meses.

 

En Egipto, es el ejército el que está garantizando directamente la “transición”, con el amenazante Ministro del Interior Suleiman, un torturador probado, amigo de Israel y un agente de la CIA de conocimiento público. Allí también se le hace un llamado a la gente para que sea razonable y permita la continuación del turismo y de las inversiones extranjeras, con la promesa de elecciones en unos cuantos meses… y amenazas de una reanudación de la represión.

 

Los gobiernos de Sarkozy y Berlusconi, que no se lo esperaban y se enredaron en su apoyo a Ben Ali, están al frente de la Unión Europea para exigir ahora la reanudación de los negocios y el regreso a los bloqueos policiales de los emigrantes. La administración Obama del imperialismo estadounidense es mucho más flexible: tras no haber previsto ni controlado el movimiento en Egipto, pretende traslaparlo. Pero sus vínculos estrechos con el mando del ejército pesan como una amenaza permanente sobre el proceso revolucionario egipcio y requerirán que se mantenga cerrada la frontera palestina en Gaza. En fin, las instituciones internacionales exigirán que se respeten los fundamentos del capitalismo moderno: el pago de la deuda pública, aunque sea inicua; el respeto a la apertura total al capital y a los productos extranjeros, continuando las desregulaciones.

 

6. En este proceso, hay que erradicar todo el sistema para establecer todos los derechos y las libertades democráticas: el derecho a la expresión, el derecho a la huelga, el derecho a manifestarse, el pluralismo de asociaciones, los sindicatos y los partidos, la liquidación de la institución presidencial y la instauración de un gobierno provisional revolucionario. Es necesaria hoy la apertura de un proceso de elecciones libres a favor de una asamblea constituyente. Para que no sea usurpado por un nuevo poder de las oligarquías, este proceso se debe apoyar en la organización de comités, coordinaciones y consejos populares que emergieron en la población. En ese contexto, los anticapitalistas lucharán por las reivindicaciones clave de un programa que rompa con el imperialismo y el sistema capitalista: satisfacción de las necesidades vitales de las clases populares (el pan, el salario, el empleo); reorganización de la economía en función de las necesidades sociales; los servicios públicos gratis y de calidad (la educación, la salud); los derechos de las mujeres; ampliación de las protecciones sociales (el desempleo, la salud, el retiro); una reforma agraria radical; la socialización de los bancos y de los sectores clave de la economía; la anulación de la deuda; la soberanía nacional y popular. Este programa, que estaría al servicio de los trabajadores y de la población, es defendido en Túnez por la Liga de la Izquierda Obrera (Ligue de la Gauche Ouvrière, LGO). Esta es un componente del Frente 14 de Enero, el cual reúne a las izquierdas que rechazan el gobierno de Ghannouchi y lucha por todas las libertades democráticas, por una Constituyente y por la satisfacción de las necesidades fundamentales. Este programa también es defendido en Egipto por un reagrupamiento de revolucionarios que está en curso.

 

Los pueblos tunecino y egipcio, y el conjunto de los pueblos de la región árabe todavía necesitan nuestra solidaridad en la lucha por las libertades democráticas. Necesitan aun más nuestra movilización para aflojar el tornillo imperialista: no pago de la deuda externa de los antiguos regímenes; restitución de los bienes y los haberes financieros de los dictadores; protección de la soberanía nacional del pueblo ante las presiones del capitalismo internacional; anulación de los acuerdos internacionales firmados por el antiguo régimen en los sectores militares, migratorios y de seguridad. Los revolucionarios del mundo entero también tienen la tarea esencial de establecer todos los vínculos posibles con los sindicatos y las organizaciones sociales y anticapitalistas de sus respectivos países para ayudar con la consolidación de los procesos revolucionarios en curso y para apoyar la autoorganización de los pueblos en cuestión.

 

¡La revolución en curso en la región árabe es nuestra lucha!

 

Desde ya y en adelante apoyamos las siguientes iniciativas:

-         El llamado de la Asamblea de los Movimientos Sociales, reunida en el marco del Foro Social Mundial de Dákar, a una jornada mundial de movilizaciones en solidaridad con las revoluciones en el mundo árabe el 20 de marzo de 2011 (fecha del aniversario de la invasión a Irak en 2003).

-         La conferencia de las organizaciones revolucionarias de la región árabe, convocada por la LGO, del 25 al 27 de marzo en Túnez.

-         La Conferencia Anticapitalista Mediterránea, convocada por el Nuevo Partido Anticapitalista, la cual se llevará a cabo en Marsella el 7 y el 8 de mayo próximos.

 

Ámsterdam

22 de febrero de 2011.

           El Comité Internacional de la IV Internacional.

 

Libia, apoyar las luchas de las masas árabes, rechazar la intervención imperialista

Frente a los sucesos en Libia

 

Apoyar las luchas de las masas árabes

Rechazar la intervención del imperialismo

 

Las rebeliones que se iniciaran en Argelia, que derribaran a los autócratas y déspotas que durante décadas oprimieron a los pueblos de Túnez y Egipto, que tienen réplicas en otros países del África y el Medio Oriente, siguen avanzando. Ahora se han instalado en Libia. Los imperialismos norteamericano y europeo ven caer a sus personeros y ven cómo se debilita su presencia en la región.

 

Sin embargo Libia no es totalmente asimilable al resto de los países del norte africano, como tampoco lo es la dirección de la insurrección en curso. Esto provoca controversias al momento de definir una posición política. Efectivamente existe un intento del imperialismo de expropiar la rebelión popular, pero esto no puede implicar mecánicamente el apoyo a Kedafi.

El imperialismo lo quiere sustituir por sus propios agentes y utilizar el repudio que existe contra el sanguinario dictador para crear un gobierno afin a los intereses de las grandes compañías petroleras. Con este objetivo Estados Unidos puso en marcha un cerco diplomático (desde la ONU) y una amenaza de intervención militar (desde la OTAN), que no instrumentó en Túnez o Egipto y que ni se le ocurre aplicar a sus aliados, reyezuelos o títeres de Yemen, Barhein, Marruecos, Jordania, Oman  o Arabia Saudita. Si no lo logra contemplará otras variantes como la secesión del país.

A pesar de estas amenazas no debemos olvidar quién es Kedafi. En sus orígenes no fue una marioneta dirigida a control remoto por el imperialismo y sí fue un aliado de los movimientos antiimperialistas en el mundo, también un declarado anticomunista. Con la nacionalización de la renta petrolera desarrolló la economía y mejoró sustancialmente las condiciones de vida de su población en base a grandes subsidios y a la importación de alimentos.

 

Con el fin de la “Guerra fría” y el agotamiento de la política de enfrentamiento entre dos grandes bloques Kedafi dejó de ser importante en la región. Salvo porque Italia, Francia y España son los principales compradores de su petróleo que, privatizado, se disputan varias compañías imperialistas (Total, Shell, Eni, entre otras), o por las enormes inversiones que tiene en la Fiat de Italia, en constructoras de España, en la industria de armamentos en Inglaterra o en la banca europea.

 

Desde entonces su política en la región se tornó cada día más reaccionaria respaldando a dictadores como Ben Ali y Mubarak y se reconvirtió en una pieza más de la política de Israel y de Estados Unidos. En paralelo y sobre todo desde 2003 inició un proceso de concesiones económicas (apertura y ajuste estructural de la economía, eliminación de subsidios, facilidades a las inversiones extranjeras y al capital financiero), que impactaron en las condiciones en que hoy viven y reproducen su existencia los trabajadores y sectores populares libios.

 

Esto duró lo que duraron sus bases de apoyo internacionales: Por un lado el debilitamiento de la hegemonía estadounidense y del Estado italiano, la recesión económica internacional, el aumento del precio de los alimentos. Por el otro las insurgencias democráticas en sus fronteras occidental y oriental rompieron los frágiles equilibrios kedafistas.

 

Esta fue la base del estallido. Que partió del eslabón más débil, la Cirenaica, y de las tribus nómades y se propagó a los trabajadores y las clases medias urbanas empobrecidas. En esa rebelión se mezclan agentes de EEUU, monárquicos, sectas fundamentalistas, nacionalistas nasseristas, burgueses que quieren su parte del botín del Estado, obreros del petróleo y la industria química, estudiantes universitarios que no tienen trabajo ni perspectiva, mujeres educadas por la alfabetización que Kedafi promovió, oficiales y soldados hartos del despotismo y la corrupción. El proceso es muy confuso y es evidente que hay sectores manipulados por los EEUU.

 

Kedafi llama a la unidad nacional contra los enemigos de afuera mientras promete una matanza a los enemigos de adentro. Pero también la intervención militar que preparan Estados Unidos y los gobiernos europeos ante la posibilidad de una guerra civil provocará más muertos y hambre desatando un proceso que puede encender la adormecida mecha del nacionalismo antiimperialista árabe.

 

Frente a esta perspectiva quienes no vemos el curso de la historia solamente como un enfrentamiento entre sectores “nacionales” y “proimperialistas”, sino desde una posición de independencia de clase y defensa de los intereses de explotados y oprimidos ante todos sus opresores y explotadores, nacionales o extranjeros, llamamos discutir lo que está sucediendo en Libia y en toda la región azotada y expoliada por regímenes despóticos y autoritarios.

 

Nos oponemos al saqueo del petróleo que se prepara. Alertamos contra las maniobras en curso para sustituir a un tirano por otro servidor de las grandes potencias. Convocamos a la auto-defensa de los trabajadores, a la reorganización de la economía sobre nuevas bases y a la resistencia contra todos los actos del imperialismo a las puertas de las revoluciones tunecina y egipcia.

 

Quiénes firmamos esta declaración defendemos la autodeterminación de los pueblos y estamos a su lado frente a todo tipo de intervención imperialista. Repudiamos la reciente declaración de las NU y llamamos a la más amplia solidaridad antiimperialista y antidictatorial con el pueblo libio y el conjunto de las masas árabes.

 

La Asamblea de los movimientos sociales reunida en el Foro Social Mundial en Dakar resolvió “…una jornada mundial de movilización en solidaridad con la revolución en el mundo árabe” para el próximo 20 de marzo (fecha elegida por ser el aniversario de la invasión a Irak en 2003). Unamos nuestros esfuerzos a esta jornada mundial

 

Buenos Aires, febrero 27 de 2011

 

Primeras firmas:

Guillermo Almeyra, Claudio Katz, Agustín Santella, Mabel Bellucci, Guillermo Gigliani Modesto Guerrero, Aldo Casas, Luis Angió, Emilio Taddei, Clara Algranati, José Seoane, Hernán Ouviña, Susana Neuhaus, Hugo Calello, Alberto Bonnet, Miguel Mazzeo, Ariel Petrucelli, Eduardo Lucita.

Declaración internacional en solidaridad con las revoluciones en Túnez y Egipto

DECLARACIÓN INTERNACIONAL DE LAS ORGANIZACIONES PRESENTES EN EL CONGRESO DEL NUEVO PARTIDO ANTICAPITALISTA (NPA, FRANCIA).

 

El derrocamiento de Ben Alí y de Mubarak cambian la situación política no solo en el Maghreb y en el Medio Oriente, sino también a una escala internacional.

Declaración internacional en solidaridad con las revoluciones en Túnez y Egipto

DECLARACIÓN INTERNACIONAL DE LAS ORGANIZACIONES PRESENTES EN EL CONGRESO DEL NUEVO PARTIDO ANTICAPITALISTA (NPA, FRANCIA).

 

El derrocamiento de Ben Alí y de Mubarak cambian la situación política no solo en el Maghreb y en el Medio Oriente, sino también a una escala internacional.

Túnez, Egipto: El comienzo del comienzo

Túnez, Egipto: el comienzo del comienzo
Guillermo Almeyra
Las revoluciones, como las personas que las hacen, aprenden, se organizan, se desarrollan y se construyen. La cubana comenzó como un levantamiento democrático contra la tiranía Batista en el que participaron muchos que después se fueron a Miami; la boliviana comenzó como una protesta popular y antimperialista por el agua, en Cochabamba, y contra un gobierno corrupto y represivo que quería regalar el gas y sólo en su desarrollo posterior llevó a la generalización del doble poder y a la convocatoria de una Asamblea Constituyente.
 
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